miércoles, 17 de junio de 2026

La indiferencia también mata

Los acontecimientos dolorosos necesitan tanto de historia como de memoria: la una para tratar de relatar los hechos, la otra para dar testimonio de lo vivido” (León XIV, Magnifica Humanitas n.216, 2026).

Vivimos tiempos decepcionantes. La insensibilidad y la apatía frente al dolor ajeno, por muy lacerante que sea, se han adueñado de los corazones humanos. La llamada “sociedad del bienestar” y la globalización del paradigma de la clase media han extendido valores que poco tienen de humanos y, mucho menos, de humanizadores.

En otra ocasión presenté mis críticas a los valores que encarna y reproduce la clase media. Una clase social surgida gracias a políticas en favor de los sectores más vulnerables: trabajadores, campesinos, pueblos originarios, mujeres, entre otros. Gobiernos que promovieron igualdad y justicia social, distribución equitativa de recursos y oportunidades para los tradicionalmente excluidos hicieron posible que sectores que antes consideraban inalcanzables ciertas condiciones de vida comenzaran a saborear los frutos del bienestar. Campesinos que veían a sus hijos graduarse en la universidad; familias que lograban comprar un lote y construir una casa propia, incluso en la ciudad; barrios periféricos que mejoraban rápidamente su infraestructura y comunicaciones; profesionales que podían ahorrar e invertir en bienes más allá de lo básico. En definitiva, grandes sectores sociales alcanzaban en poco tiempo la autosuficiencia y el bienestar económico.

Pero este bienestar trae consigo una trampa cruel. Quien antes fue ayudado, ahora se descubre autosuficiente, y la autosuficiencia alimenta el individualismo. En la insuficiencia y la necesidad nos sentimos hermanos: nos ayudamos, suplimos recíprocamente las carencias, nos solidarizamos espontáneamente y la empatía guía nuestras relaciones. En la autosuficiencia, en cambio, la convicción de no necesitar a nadie me lleva a aislarme de los demás, de sus vidas y de sus problemas. Si yo logré salir adelante, también los demás deberían hacerlo, porque pueden, como yo pude. Si disfruto del nivel de vida que tengo gracias a mi esfuerzo, los demás también deberían conseguirlo sin ayuda (olvidando que, en algún momento, yo o mi familia fuimos beneficiados por políticas que ahora rechazo).

Lo más cruel es que cualquiera que esté por debajo de mi nivel de vida y aspire a mejorar sus condiciones se convierte en un rival que debe ser silenciado, reprimido y excluido, porque —según el engaño en que se sustenta la clase media— todo lo que tengo es fruto exclusivo de mis méritos. El Estado debe garantizar mi seguridad para que yo disfrute de mi estatus, pero no debe invertir ni un centavo en quienes “no han hecho méritos” para ganarlo.

Cuando el individualismo me domina, la percepción del mundo y de las personas cambia sin que siquiera lo note. Si hoy asistimos a un genocidio en directo sin que se conmuevan nuestras entrañas; si pasamos frente al dolor sin pestañear; si despreciamos al pobre y excluido, pero adulamos al extranjero rico; si nos dejamos manipular por medios y redes que alimentan nuestro odio hacia los más vulnerables; si nuestras emociones más humanas desaparecen de pronto ante un acto compulsivo de consumo, entonces ya estamos poseídos por ese germen mortal del individualismo. Y todavía justificamos nuestra hipocresía con argumentos de salud mental, de incapacidad para cambiar las cosas, culpando a poderosos o políticos, con tal de no involucrarnos en las soluciones ni mancharnos las manos con el dolor ajeno.

La indiferencia, la apatía, la insensibilidad y el desconocimiento intencional del sufrimiento humano permiten que lo peor de nuestra especie siga creciendo, generando más muerte de inocentes. La ceguera moral y la amnesia social provocan exclusión, descartes, muerte.

La indiferencia mata tanto o más que la mano que ejecuta, porque permite la ejecución, garantiza la impunidad y, peor aún, nos deja con la conciencia tranquila bajo la excusa de “yo no tuve nada que ver” o “¿qué podía hacer yo?”.

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