miércoles, 20 de noviembre de 2013

La sagrada hoja de coca

Uno de los descubrimientos más importantes desde que estoy en esta tierra andina es la hoja de coca. La planta de la coca fue considerada, desde la antigüedad, la hoja sagrada de los dioses, de los sabios, de los sacerdotes, etc. La coca era un elemento indispensable en los rituales religiosos, en las oraciones, en las bendiciones, para pedir un clima favorable, para rogar a la Pachamama buenas cosechas, para despedir a los difuntos y comunicarse con los antepasados, para interpretar la realidad, para conmemorar las fechas más importantes del calendario Inka, para encontrar las respuestas a los problemas de la vida… 

Curiosamente, la hoja de coca que era exclusiva de las élites religiosas y políticas, con la llegada de los invasores españoles y después de un corto periodo de prohibición (por su relación con rituales considerados “paganos”), su uso y consumo se extendió por toda la población. El motivo es triste y contradictorio con la esencia de esta planta sagrada. La hoja que servía para comunicarse con los dioses, era también fuente de energía y paliativo para el hambre. Los colonizadores descubrieron rápidamente que sus esclavos, indígenas originarios, trabajaban más, necesitaban menos comida y enfermaban menos consumiendo la hoja sagrada. A partir de ese momento la hoja de coca se transformó en instrumento de explotación. La única consecuencia positiva de todo eso fue la generalización del consumo de la coca entre la población originaria. Ahora ya no era la hoja de la élite, sino la hoja del campesino, del minero, del pastor, del pueblo de la tierra, de esta raza de bronce que hizo del pijcheo (masticar la hoja) una costumbre, un ritual, una forma de vivir. Junto con la llujkta (pasta hecha con cenizas de vegetales que aumenta los efectos de los componentes de la coca), la hoja se transforma en combustible para el cuerpo, alimento, compañía, abrigo y entretenimiento durante las horas de trabajo o en los momentos de descanso.

De su empleo en rituales religiosos me gusta mucho el uso de la hoja de coca como comunicadora, como vehículo para elevas las oraciones, deseos, peticiones, preguntas, etc. a la divinidad. En el imperio Inka no existía la escritura (aunque sí había un sistema de registro contable y comercial muy complejo y rico llamado Kipus, que eran nudos amarrados en cuerdas de lana de llama de diferentes colores), por eso, en las oraciones, la gente colocaba la hoja de coca en su frente, en sus labios y en su corazón, y en la hoja depositava todos sus deseos, peticiones, agradecimientos, todo cuanto deseaba decir a Dios. El sacerdote después recogía las hojas “cargadas” de oraciones y las quemaba, transformándose en humo que se elevaba hasta los oídos de Dios y en ceniza que después volvería a su Madre, la Tierra, de donde había nacido la hoja sagrada, mensajera y portadora de vida.

Siendo más práctico, la hoja de coca se ha transformado para mí en un excelento remedio para mis problemas intestinales crónicos. Desde que transformé el consumo de coca en un hábito diario, el colon sensible y fastidioso que tantos problemas me ha dado en mi vida, se ha calmado y, prácticamente, normalizado. 

Lástima que mentes enfermas y crueles transformaron la coca en negocio, extrayendo su esencia para, de forma artificial, transformarla en droga que enriquece a unos pocos a costa de la vida de millones. Por culpa de ellos se ha demonizado la hoja sagrada. Y por culpa de la ignorancia se prohibe y persigue a quien la porta y consume, de forma natural, fuera de nuestras fronteras. También es verdad que si se popularizase el consumo de la hoja de coca como remedio natural, rápidamente aparecería alguna empresa farmacéutica del “norte” diciendo que ellos ya habían registrado la patente… Desgraciadamente, ése es el mundo que tenemos…

Mientras tanto continuaré pijchando coca, agradeciendo por este maravilloso descubrimiento y elevando a Dios, por medio de la hoja sagrada, mis oraciones por este pueblo que trabaja, sufre, celebra y ama, siempre con el pijcho (bola) de coca en la boca.

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